
La hernia discal lumbar es una de las causas más frecuentes de dolor lumbar y ciática. Se produce cuando un fragmento del disco intervertebral comprime una raíz nerviosa, generando dolor que se irradia a la pierna, pérdida de fuerza o incluso síntomas de alarma como incontinencia.
Cuando es necesario, la intervención quirúrgica puede realizarse mediante microcirugía, extrayendo únicamente el fragmento herniado que comprime la raíz nerviosa. El pronóstico suele ser muy favorable y, en la mayoría de los casos, el paciente recibe el alta hospitalaria en 24-48 horas.
La gran pregunta es: ¿cuándo debe operarse una hernia discal lumbar?
Es importante recordar que una hernia discal, por sí sola, no siempre es una enfermedad, sino muchas veces un hallazgo en la resonancia magnética. Por eso, la indicación quirúrgica se reserva para casos concretos, como:
- Ciática persistente: dolor rebelde que no mejora tras un tratamiento médico intensivo con antiinflamatorios y analgésicos pautados por un especialista.
- Debilidad muscular: pérdida de fuerza o torpeza en la pierna o la cadera debido a la compresión nerviosa.
- Síndrome de cauda equina: compresión severa de las raíces lumbosacras, que produce síntomas de alarma como anestesia en la zona perineal, debilidad en ambas piernas o pérdida del control de esfínteres (incontinencia urinaria o fecal).
Además de estas indicaciones clásicas, existen otras situaciones donde la cirugía puede ser aconsejable, como el dolor incapacitante que persiste durante meses pese a todos los tratamientos, la ciática recurrente de repetición o los casos de hernia discal migrada o acompañada de estenosis lumbar severa. En estos escenarios, una valoración individualizada por un especialista en columna es fundamental para decidir la mejor opción.


