
Los avances médicos, junto con una mejor higiene y hábitos de vida, han permitido no solo prolongar la esperanza de vida, sino también mejorar su calidad. En las últimas décadas, esta ha aumentado de forma sostenida, superando holgadamente los 80 años. Sin embargo, el cuerpo humano no está diseñado para una longevidad tan extensa y, con el paso del tiempo, acumula el desgaste propio del envejecimiento.
El papel de la columna vertebral
La columna vertebral presenta una curvatura natural en forma de S, con lordosis en las regiones lumbar y cervical, y cifosis en la torácica. Esta disposición permite sostener el cuerpo con un menor gasto energético en comparación con una columna completamente recta.
¿Qué ocurre con el envejecimiento?
Con los años, los discos intervertebrales, encargados de amortiguar el impacto entre las vértebras, pierden altura y elasticidad. Además, la musculatura que mantiene erguida la columna se debilita. En consecuencia, las curvaturas vertebrales se alteran y el cuerpo intenta compensar estos cambios hasta que finalmente claudica. Es entonces cuando la postura se encorva, aparecen los dolores de espalda y mantenerse erguido requiere un mayor esfuerzo, generando fatiga al caminar.
El proceso suele iniciarse con la rectificación de la cifosis dorsal, lo que desplaza el centro de gravedad hacia adelante. Para compensarlo, la pelvis rota y, posteriormente, las caderas y rodillas tienden a flexionarse, acelerando su desgaste y artrosis. Para seguir mirando al frente, la curvatura cervical se exagera, lo que provoca dolor en el cuello.
En muchos casos, la osteoporosis debilita las vértebras, favoreciendo la pérdida progresiva de altura vertebral. En algunos casos, esto ocurre por fracturas en cuña, que aumentan la deformidad y obligan al paciente a caminar aún más encorvado. En otros, la disminución de la densidad ósea genera un colapso vertebral lento y progresivo sin fracturas evidentes, contribuyendo igualmente a la alteración de la postura.
¿Cuáles son las consecuencias?
El paciente suele necesitar un bastón o apoya las manos en la espalda para ganar estabilidad. El esfuerzo constante de la musculatura erectora de la columna genera un mayor gasto energético, aumentando la fatiga al caminar. Además, los cambios en la curvatura vertebral desplazan el centro de gravedad hacia adelante, incrementando el riesgo de caídas y la pérdida de autonomía.
¿Se puede prevenir?
Si bien el envejecimiento es inevitable, adoptar ciertos hábitos puede retrasar o minimizar sus efectos:
✅ Ejercicio físico moderado: Actividades como caminar o nadar ayudan a mantener la musculatura y las articulaciones en buen estado. Los ejercicios de fortalecimiento de la espalda, supervisados por un profesional, estabilizan la columna, del mismo modo que los aparejos sostienen el mástil de un barco. Además, el ejercicio reduce el riesgo de osteoporosis.
✅ Dieta rica en calcio y vitamina D: Es esencial para la salud ósea. La exposición solar activa la vitamina D, por lo que combinar una buena alimentación con caminatas al aire libre fortalece los huesos.
✅ Evitar el sedentarismo y las posturas forzadas: La inactividad debilita la musculatura, favorece la osteoporosis y acelera la degeneración del disco intervertebral, aumentando la sobrecarga en las articulaciones vertebrales y favoreciendo la osteoartritis.
✅ Control del peso: Mantener un peso adecuado alivia la carga sobre la columna y ayuda a retrasar la degeneración discal.
En conclusión, el envejecimiento es inevitable, pero con prevención podemos evitar que nuestra espalda se encorve antes de tiempo y minimizar sus consecuencias.


